Sistemas de calidad: burocracia, costes, auditorías... Pero, ¿para qué sirven?
D.S. , 14/06/2005
Si los Sistemas de Gestión de la Calidad sólo proporcionan inconvenientes a las empresas, puesto que detraen recursos humanos y económicos que podría ser destinados a otras actividades, ¿por qué los empresarios quieren implantarlos?.

Esta pregunta tiene fácil respuesta: porque todas las empresas del sector lo tienen, porque me lo exigen mis clientes, porque obtengo más puntos en los concursos públicos, etc...

Entonces, por mucho que los consultores de Calidad nos queramos empeñar en resaltar las cualidades de los Sistemas de Gestión de la Calidad, nos encontramos con la cruda realidad: las empresas quieren implantar estos Sistemas por múltiples razones, pero entre ellas muy pocas veces se encuentra la de "Mejorar la organización y los procesos para ofrecer un producto/servicio de calidad y satisfacer las necesidades de los clientes".

Este hecho es un gran obstáculo cuando se afronta un proyecto de implantación de Sistemas de Calidad, y no sólo para el consultor, sino fundamentalmente, para la empresa que lo ha contratado, y en este punto nos encontramos con una de las grandes incongruencias de este trabajo nuestro: Una empresa te paga para que implantes un Sistema de Calidad, por lo que suponemos que, si ha decidido contratarte y asumir el coste económico y en tiempo que suponen estos proyectos, debe estar seguro de lo que hace; sin embargo, el consultor debe dedicar una gran parte de este tiempo a convencer a los miembros de la empresa, incluído el empresario que te ha contratado, de que utilice el Sistema de Calidad (que no es más que una herramienta de gestión) para mejorar el sistema de producción, y que no lo convierta en un sistema de trabajo paralelo al que realmente utiliza la empresa, y por tanto, que lo condene a ser un sistema inútil. En este problema está la raíz de frases como: "esto son cosas de los de calidad", "la calidad sólo genera burocracia" y, por supuesto, "¡esto no sirve más que para dar trabajo!".

También es cierto que podemos encontrar el caso a la inversa, una empresa con muchas ganas de implantar un Sistema de Gestión que mejore sus procesos, y un mal consultor que lo que consiga sea empeorarlos. ¡O peor aún!, un mal consultor y una empresa sin ganas de implantar.

En cualquier caso el resultado es el mismo: más trabajo y más burocracia para la empresa, y un Sistema de Calidad cada vez con menos sentido, y cada vez peor percibido. Por tanto, la conclusión de estas reflexiones son claras: los Sistemas de Gestión de la Calidad no son imprescindibles en las empresas. Se puede trabajar sin ellos, y trabajar bien.

Pero, si por circunstancias del mercado o por propio convencimiento, las empresas deciden implantarlos, es absurdo no aprovechar las ventajas que ofrece esta herramienta de gestión, que, bien implantada, permite gestionar los procesos de la forma que la empresa considere adecuada, y permite obtener toda aquella información (datos de producción, rentabilidad, márgenes, nivel de satisfacción de cliente, nivel de productos no conformes, etc...) que la empresa considere necesaria; información que no va a sustituir al empresario en la toma de decisiones, pero sí que le va a permitir tomar esas decisiones con datos precisos, y no sólo con intuiciones.

... Y, todo esto no es una utopía, es una realidad.
 
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